Galerías de la Marina de A Coruña

Además de decirse que A Coruña es la ciudad onde ninguén é forasteiro (donde nadie es forastero), está ciudad también recibe el sobrenombre de Ciudad de Cristal. El motivo no es otro que esta preciosa vista de edificios con galerías blancas, que se disponen a lo largo de toda la Avenida da Mariña, mirando hacia el puerto de la ciudad. Es una de las “postales” imprescindibles de A Coruña, ¡no te lo puedes perder!

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¿A qué llamamos “galería”?

Una galería es un balcón cerrado con carpintería de madera pintada de blanco y con una gran superficie de vidrio. El objetivo es proteger la vivienda del viento y la lluvia –tan habituales en esta zona- y aprovechar cada rayo de sol, ayudando a mantener una temperatura estable en el interior, a la vez que facilitaba la vista del exterior.

En realidad, estas galerías están en las fachadas posteriores de las viviendas y se disponen sobre una línea de soportales, hoy día, plagados de cafeterías. Los edificios tienen su entrada principal por la calle Riego de Agua, que desemboca en la Plaza de María Pita por unas de sus puertas.

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Origen

En un primer momento esta forma se adoptó para las popas de los galeones, es decir, de barcos de guerra, a partir de mediados del s. XVIII, derivado del auge del mercado del vidrio plano y cortado. Durante el siglo siguiente, se aprovechó la idea para cerrar las viviendas. Esta “modaempieza en la ciudad de Ferrol, lugar con gran tradición naval, desde donde se extendería a las vecinas A Coruña, Pontedeume o Betanzos.

Primeros ejemplos y evolución

El diseño de las primeras galerías corrió a cargo del maestro de obras Gabriel Vitini Alonso. Es el caso de los números 33-35 y 25-27 de la calle Riego de Agua, que discurre paralela a la avenida.

El conjunto formado por los edificios que hoy muestran orgullosos sus galerías se edificó en dos fases, tras ser derribadas las antiguas murallas. La primera fase entre 1870 y 1876 y la segunda entre 1879 y 1884.

Relación con el mar

En A Coruña todas estas viviendas del barrio de la Pescadería tenían relación directa con la actividad pesquera. Los citados soportales (hoy llenos de terrazas) eran el lugar donde se guardaban botes y aparejos (todavía se pueden ver argollas de amarre para los barcos) o se realizaban ciertas tareas, tales como arreglar redes o vender el propio pescado. Hay que tener en cuenta que, antiguamente, el mar llegaba justo hasta los soportales.

Una pequeña anécdota

En 1875 el arquitecto municipal del momento elaboró un informe negativo sobre estas galerías. Afirmaba que era “ridículo el exceso de cristal” y que “las fachadas perdían belleza sorprendiendo desagradablemente a los visitantes”. Dio en el clavo, ¿verdad?

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