Turismo termal y talaso

El territorio gallego ofrece aguas termales conocidas desde tiempos de los romanos. La riqueza termal se convierte en una gran oferta de balnearios y casas de baño repartidas por toda Galicia, tanto de disfrute público como de explotación privada (comercial). De hecho, Galicia cuenta con el 20% del total de establecimientos de este tipo que se cuentan en España.

¿Qué son y cómo se generan las aguas termales?

Como su nombre indica, las aguas termales brotan calientes: por lo menos 5ºC más que las aguas potables que brotan en el mismo suelo. ¿Cómo adquieren esa temperatura? Las aguas, procedentes en su mayor parte de las precipitaciones (lluvia o nieve), se filtran a través de las líneas de las fallas terrestres. Al llegar a cierta profundidad, se calientan debido a las altas temperaturas y regresan a la superficie en forma de vapor o de agua caliente.

Dependiendo de la profundidad que alcancen, también la temperatura que alcancen será diferente. Así, las aguas termales se clasifican según sus temperaturas en frías (menos de 20ºC), hipotermales (20-35ºC), mesotermales (35-40ºC), hipertermales (45-100ºC) y supertermales (100-150ºC).

Si nos fijamos en su origen geológico existen dos grandes tipos de aguas termales: magmáticas o telúricas. Las primeras nacen de filones metálicos o eruptivos y cuentan con temperaturas de hasta 50ºC;  las telúricas, por su parte, son más filtradas y pueden aparecer en cualquier lugar.

Además del aumento de temperatura, estas aguas adquieren diferentes minerales al pasar por diferentes capas en su proceso de evaporación. Dependiendo de los minerales que entran a formar parte de su composición reciben un nombre y una clasificación concretos y, por supuesto, pasan a ser indicadas para determinados tratamientos (ver anexo I, clasificación de las aguas mineromedicinales)

En el proceso de filtración éstas adquieren también iones negativos beneficiosos para el cuerpo, especialmente por sus propiedades relajantes.

Termalismo en España. Evolución histórica

La historia del termalismo se remonta muchos siglos atrás, hasta la época griega y romana. Con el paso de los años, durante la Edad Media es cierto que los baños eran vistos como algo impúdico por la siempre presente Iglesia y, por ello, se hizo palpable un descenso claro del termalismo. Sin embargo, en zonas rurales y más apartadas, la tradición pervivió y los vecinos continuaron aprovechando los beneficios de las aguas, cuyo conocimiento se transmitía de generación en generación.

Llegado el s. XVIII hay un redescubrimiento del mundo termal, que vive un gran despegue en el s. XIX, especialmente de la mano de las clases acomodadas. A su vez, se llevan a cabo numerosos estudios científicos que ponen en valor los beneficios de las aguas. En este momento de desarrollo, se definen dos tendencias claras: los grandes balnearios y los más modestos, a menudo propiedad del municipio o de los vecinos. En ambos casos, el aumento de oferta y demanda propicia el surgimiento de negocios de alojamiento y restauración, para atender las necesidades de los visitantes.

El boom del termalismo se mantiene hasta las primeras décadas del s. XX. Sin embargo, sufre un parón a causa de la Guerra Civil y de la crisis de la posguerra. Tendrá que llegar la década de los años 80 para que se dé un nuevo resurgir del sector.

…y en Galicia

Dentro del territorio español, Galicia es, sin duda, la comunidad autónoma con mayor presencia termal. Todo el suelo gallego cuenta con una gran riqueza mineromedicinal. De hecho, están catalogadas más de 300 captaciones de aguas mineromedicinales, de las cuales unas 20 tienen calificación de balneario, convirtiendo a Galicia en un lugar de referencia en este terreno. De estos 20 balnearios, la mayor parte se encuentran en las provincias de Pontevedra (a la cabeza) y Ourense, en segundo lugar, pero con una oferta muy diversificada.

El año 1981 se perfila como fundamental para el termalismo gallego: se aprueba el Estatuto de Autonomía y se asume la competencia exclusiva en materia de aguas minerales y termales. Dicha competencia se ve apoyada por la promulgación de diversas leyes que sentarán las bases del aprovechamiento de las aguas mineromedicinales en Galicia, a la vez que se garantiza la protección de estos recursos naturales.

Si seguimos avanzando en el tiempo, podemos ver que el siglo XXI se caracteriza por ciertos esfuerzos realizados por parte del sector termal para expandirse y modernizarse, adaptándose a la demanda.

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